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25 may. 2009

Cayendo en el vacío

Son tantas las veces que gastamos nuestro tiempo en cosas sin sentido , cosas irrelevantes que no nos aportan nada; pensamientos superficiales que no llenan nuestra existencia de felicidad y en vez de ello ahondan más el vacio de nuestras almas.

Es increíble como el afán de una rutina diaria nos aleja de sentir el calor de un abrazo, la fuerza de un beso, el alivio de una palabra oportuna.

Es en momentos de dolor intenso cuando nos damos cuenta del verdadero valor que tienen cada uno de estos pequeños detalles , esos que no hacen que la felicidad sea completa, pero sí sincera.

Atrapados por nuestra propia ignorancia dejamos pasar miles de momentos valiosos, cientos de personas inimaginables y un mar de sentimientos no expresados, todo por satisfacer un instinto vano que a simple vista pareciese la solución a nuestras vidas, mas en el fondo es un estímulo temporal, carente de sentido, con una coraza de oro pero interiormente vacío.

Sólo entre océanos tempestuosos, campos espinosos y caminos sin vía aparente empezaremos una búsqueda para hallar la esencia vital de nuestro ser, aquella que no nos deja caer, esa que nos impulsa a vivir sin límites y a saber lo que en realidad deseamos para sí.