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6 may. 2011

Al final del arcoiris


Un sí podría significar tragedia para unos y alegría para otros . Mientras tanto, ella prefería sujetarse a un no rotundo pero que se dibujaba en sus ojos con un verde esperanza – de aquella que no se perdía…que seguía allí latente-.  Sin embargo, quería mantenerse firme y certera, sin dudas y superando toda clase de obstáculos.

Por su mente pasó un repentino  flashback. Cerró los ojos y sintió amor y desamor; alegría y tristeza; ilusión y desengaño; risas e innumerables lágrimas de dolor. Entonces decidió mirar hacia adelante. Ya no era hora de desestructurar su vida ni su historia. De hecho, decidió que no debía haber nada qué pensar. La respuesta estaba en frente suyo, pero su terquedad y capricho no le habían permitido darse cuenta del oro que brillaba ante su mirada perdida.

Se sentía cegada por sus sentidos. En su corazón en reconstrucción sólo había espacio para uno, el que fuese capaz de conquistarla y enamorarla, de hacerla reir a carcajadas y de estar con ella cuando la melancolía se apoderara de su ser. Aquél , que sin pensarlo, estuviera dispuesto a arriesgarse con ella sin importar el mañana, sino el presente en constante devenir.

Un presente que sin planearlo se podría convertir en un futuro inesperado. Uno que tal vez, alguna vez soñó despierta o leyó en un cuento de hadas, en el que estaba ella, un príncipe de esos fantásticos- que ya no existen- , un ogro, un ser inanimado parlante y una olla al final del arcoíris. Un arcoíris imaginario, quizás, pero en el que, al final, debería tener cuidado con una sorpresa mágica y esperada o una ilusión rota y pisoteada.