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30 oct. 2014

Victimaria

Es la última vez - se dijo a sí misma-.

Confiaba en que su mente no la volviera a traicionar. 
En que aquel ser que vivía dentro de ella muriera en silencio, 
mientras ella soltaba a su alma de tan mísera esclavitud. 

Intentaba huir, 
pero las cadenas de hierro la sujetaban cada vez más fuerte.

 La amarraban al abismo de su ser. 
A ese del que rogaba salir algún día 
¿Y si la muerte es la solución? 
Se cuestionaba, con frecuencia.


Y, ¿para qué?  Si ya estaba muerta en vida.


El reloj marcaba las cuatro menos cuarto 
y ella continuaba tratando de abrir los candados.

Escuchó esa voz, 
una vez más. 

Era insistente, 
no se callaba. 

Ella cubría sus oídos
para no escucharla, 
pero no era suficiente. 
En cada rincón de sí, el eco seguía.



Entonces, se dejó caer de nuevo, 
otra más de tantas veces.

Abrió los dedos de sus manos, 
recibió el efímero placebo 
y se sometió al placer momentáneo, 
pensando en que después de aquel instante 
el agujero de su alma se ahondaría más, 
mientras adoptaba el rol de victimaria. 

Un día más, una vida menos.